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viernes, 7 de noviembre de 2008

OBAMA por Juan María Alponte

México y el mundo
07 de noviembre de 2008


De Lincoln a Obama: ¿espera cerrada?

Quiero revivir la historia. Recordarles el largo proceso en busca del derecho. El 16 de junio de 1856, Abraham Lincoln, ante la convención republicana, hizo un discurso memorable: The house divided, La casa dividida. “Una casa dividida contra sí misma no puede permanecer. Yo creo que este gobierno no puede mantenerse, permanentemente, mitad esclavo y mitad libre. No espero que la Unión caiga, pero espero que cese de estar dividida”.
En la elección de 1860, los demócratas eligieron como candidato a Stephen Douglas (de Illinois, ¿qué les parece?) que tuvo ásperos debates con el republicano Lincoln. Douglas aspiraba a mantener the house divided. Lincoln, que había nacido en la pobreza, pero que tenía la cabeza de un hombre de Estado, supo que finalizar la esclavitud era la guerra civil. Sobre la esclavitud se apoyaba una economía, atrasada, sí, pero opulenta que paralizaba el cambio. ¿La guerra civil? ¿Qué hombre de bien puede proponerla? Probó medidas de compensación para los propietarios, pero la esclavitud era una cultura del poder. En las elecciones de 1860 él obtuvo un millón 866 mil 452 votos y Douglas un millón 376 mil 957, pero Breckinridge, candidato de los demócratas del sur, un millón 376 mil 957 y Bell, de la Unión Constitucional, 588 mil 879. Los delegados del Colegio Electoral (33 estados entonces) 303 votos. Lincoln obtuvo 180. Mayoría legal, pero una vez más, en EU, un presidente minoritario. La casa dividida.
Todos sus esfuerzos para llegar a un acuerdo fracasaron. En 1861 estalló la guerra civil. El 17 de julio de 1862 autorizó, por vez primera, que en el Ejército de la Unión, frente a los estados esclavistas, se organizara una brigada de negros. Críticas duras. Le dijeron: “¿Para qué sirven? Son unos cobardes”. Los prejuicios en primera fila. ¿Los esclavos podían defender sus derechos? Terrible. La guerra civil, norte-sur, fue implacable. Lincoln, envuelto en los incendios, firmó el 1 de enero de 1863, la Proclamación de la Emancipación. Fin de la esclavitud. La guerra duró hasta 1865. Tuvo una baja última: la de la Lincoln asesinado el 14 de abril de 1865. La lucha por los derechos civiles de los negros duró, aún, un siglo. Las cosas no se arreglan firmando decretos en una house divided.
Se requiere mucho más. Por eso, Obama nos pertenece como portavoz de la historia. En efecto, en 2008 haría un discurso tan admirable como el de Luther King (“Yo tengo un sueño”) que definía una realidad social y conciencial: “Yo soy el hijo de un hombre negro de Kenia y de una mujer blanca de Kansas. He sido educado, en parte, por un abuelo blanco que sobrevivió a la Gran Depresión y fue soldado bajo Patton en la Segunda Guerra Mundial. Mi abuela blanca trabajó en una fábrica de montaje de bombarderos. Yo estudié en algunas de las mejores escuelas de EU y viví en uno de los países más pobres del mundo. Estoy casado con una estadounidense negra que tiene, en su sangre, la de los esclavos y los propietarios de esclavos, herencia, pues, que hemos transmitido a nuestras dos hijas adoradas. Tengo hermanos, hermanas, primos y sobrinos de todas las razas y de todos los colores de la piel en tres continentes y, hasta mi último día no olvidaré jamás que mi historia no hubiera sido posible en ningún otro país del mundo…”. Quiso decirnos, a los hombres y mujeres de todos los continentes que él aspira a terminar con la casa dividida. Existe, en todos los continentes. Esa es su palabra. Lo demás, terminar con la house dividida del mundo y separada por la desigualdad, es una tarea común. Obama entreabrió la puerta.