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miércoles, 16 de septiembre de 2009

Una nueva curul, un nuevo gobierno

David Navarro


Las fiestas Nonas Caprotinas se celebran para conmemorar la desaparición de Rómulo, fundador y por ello, primer Soberano de Roma. Entre los años 753 (de la fundación) y el 717, Rómulo mató a Remo. El primero murió en el 717, todo antes de Cristo; se produjo entonces el interregnum o interregno, que es el periodo en el que nos encontramos ahora, es decir, el periodo entre la elección y la coronación, que en este caso, habrán de ser las tomas de protesta de los diputados y de los jefes delegacionales, según corresponda. En la Roma de entonces, el senado (los ancianos) eligió a Numa Pompilio; ahora nosotros, hemos elegido con el favor del voto popular a nuestros compañeros.

Mucho tiempo después, durante la República romana y posteriormente durante el Imperio, la sella curulis (silla curul) servía como el símbolo desde el cual los magistrados veteranos o los promagistrados que poseían imperium (dominio, poder público, autoridad) tenían derecho a sentarse, derecho que incluía al dictador, al magister equitum, al cónsul, al pretor y al edil curul. En la época final de la República, Julio Cesar se sentaba en una silla curul de oro debido a su cargo de dictador vitalicio.

La silla curul estaba habitualmente construida en marfil, tenía patas curvas, formando una amplia X. No poseía respaldo, y sus brazos eran bajos. La silla podía ser plegada, siendo así fácilmente transportable para ser usada por los magistrados y los comandantes en el campo. Tito Livio, nos sugiere que podría proceder de Etruria.

Han pasado 2 mil 700 años desde que esto pasó; después vinieron los griegos y definieron a pesar suyo, los procesos que nos dan sustancia de principio en términos de la organización de la sociedad. Fundaron la democracia y la polis y nos permitieron evolucionar, nos enseñaron que la palabra debía ser considerada una tekne. En Grecia se establecieron las escuelas de la palabra y con ellas, se definió el espacio de la racionalidad a partir de la elocuencia. De ahí vinieron los hombres del poder de la palabra y los doctos en ella, los doxa.

Diputar quiere decir elegir o designar a alguien para algo, quien lo elige es el diputador y el electo y designado es el diputado. El paso de los siglos y el desarrollo de la humanidad han establecido nuevos paradigmas en relación con la organización de las sociedades y por supuesto, con la definición de los poderes y de quiénes y cómo tienen imperium. Hoy por hoy nos encontramos, con que en breve tiempo, catorce días, para el caso de los diputados a la Asamblea Legislativa del DF y un mes para el de los Jefes Delegacionales, habrán de terminar los respectivos interregnos y las tomas de protesta definirán el inicio de los quehaceres que les han sido encomendados por los diputadores.

Los diputados habrán de hacer uso de la palabra y de sus técnicas de elocuencia, para convencer a los demás de que lo que propongan es digno de ser escuchado, que es necesario abundar acerca de ello, que es necesario resolver en consecuencia, en positivo y en beneficio de los diputadores. Para ello, los diputados organizan sus quehaceres en tres asuntos fundamentales y en otro indirecto pero que hasta la fecha ha sido necesario. Los tres primeros son: la atención a las leyes (establecer nuevas, derogar las existentes, reformar sus contenidos, con todo ello: establecer, vigilar y reformar las estructuras); en segundo término, aprobar el presupuesto (ingresos y egresos de las autoridades del Gobierno del DF y de sus jefaturas delegacionales) y en tercer orden, vigilar el buen funcionamiento de los gobiernos en términos financieros y de administración pública.

El cuarto apartado es el de la gestión, al que concedo en lo particular poca importancia en relación con los diputados ya que para eso hemos elegido un gobierno encargado de esas tareas. Los perredistas inventamos la existencia de los Módulos de Atención, Orientación y Quejas Ciudadanas con la intención manifiesta de mantener a los diputados cerca de sus diputadores, ya que es esta una necesidad de los vecinos y una añeja demanda de aquellos que se han ido transformando en ciudadanos. En estos módulos habremos de establecer un equipo especial, especializado o especializándose para la atención de los vecinos. NO ES EL DIPUTADO EL QUE GESTIONA.

En esta perspectiva aprendamos a llevar a cabo nuestras tareas respectivas y enseñémonos y enseñemos a los ciudadanos como se abren las puertas de los gobiernos y de los lugares que no han comprendido que todos en conjunto somos los representantes de la ciudadanía y que nos han mandado servirles con gusto y honestidad. Hagamos que la visita de los diputados y del jefe delegacional a los ciudadanos sea el espacio para una relación más cordial con los ciudadanos después de haber hecho nuestro trabajo correctamente. No estoy hablando de que los ciudadanos formen parte de un equipo de coristas a modo, no, sino de un trabajo que es responsabilidad de los servidores públicos que deben ser especialistas en sus ramos y servir para resolver y no para revolver.


En donde no hay agua debe acercarse el agua. En donde no se recoge la basura debe recogerse y en donde no hay seguridad debe haberla. Estos asuntos, son responsabilidad del Jefe Delegacional, pero no son directamente su tarea, sin embargo, sí lo son de su gobierno, de las personas a las que ha designado PARA ELLO; por eso, quienes trabajan en esas responsabilidades se denominan servidores públicos. Insisto en lo que hemos mencionado ya en otras ocasiones, estos personajes, tanto el diputado, como el Jefe Delegacional, deben actuar generando a partir de su autoridad política (la que les ha dado la sociedad) los elementos necesarios para el desarrollo de las tareas de los gobiernos y sus instituciones y deben reconvenir a quien no las realice adecuadamente, así como castigar de plano, a quien deliberadamente se beneficia de modo anómalo, de sus encargos y de las circunstancias que generan problemas a los demás.

El siglo pasado tuvo como eje central de sus definiciones históricas la actuación del presidente en turno, del presidencialismo pues. Nosotros nos encontramos todavía en el emblemático principio del siglo XXI, a doscientos años del inicio de la lucha por la independencia de la patria y a cien del inicio de una revolución que nos debe orillar a pensar de manera sobria en la república y su eterna evolución; en este sentido, gracias al PRD y a sus militantes históricos de los cuales todos forman parte, este siglo debe ser el siglo de la gente, la silla curul debe ahora ser tomada por los representantes reales de la gente, este debe ser el siglo del pópulos, el siglo de los más.

Nosotros estamos llamados a transformar al mundo en la parte que nos corresponde. Aunque nos parezca pequeña e insignificante, nuestra aportación es fundamental para la vida de hombres, mujeres, niños, ancianos, discapacitados, iletrados, empresarios nacionalistas y democráticos, indígenas y para el proceso evolutivo de la sociedad en general; esa es nuestra tarea, preparémonos para cumplirla con dignidad.



Iztacalco, septiembre 1 de 2009

Perredizar Iztacalco

David Navarro

Las políticas públicas deben ser las acciones sistémicas y sistemáticas llevadas a cabo por el gobierno, sus instituciones y/o las que se desprenden de la relación del gobierno con agentes diversos y específicos. Toda política pública tiene como fin incidir de un modo específico en la vida de los ciudadanos.

Sus características sistémicas, implican el hecho de partir de la voluntad manifiesta para tomar decisiones, es decir, son, en un inicio, un acto decisional, integrado a un proceso general del cual se desprenden otras decisiones de modo sistemático.

Pero una política pública, también puede ser la no acción específica en relación con un hecho o acontecimiento determinado; pero tanto la acción como la inacción, habrán de ajustarse al esquema institucional legalmente establecido.

Toda política pública, debe cumplir la característica universal de satisfacer una necesidad social, es decir, si no es necesario llevar a cabo una actividad, entonces, no hay que llevarla a cabo.

En relación con el párrafo anterior, todos recordamos el chusco pasaje celebre, que se contaba en la época en que en todas las esferas de poder gobernaba el omnipotente PRI: en breve tiempo voy a mandar construirles un puente para que puedan cruzar el río, dijo el presidente. De entre la multitud, un hombre del pueblo le dijo al presidente; pero con todo respeto señor presidente, aquí no hay ningún río. A lo que el presidente replicó rápidamente: entonces, de manera inmediata, primero les voy a mandar a poner el río.

Si pudiéramos ver la vida institucional exenta de sus componentes ideológicos, tal vez pensaríamos en que, si un hombre tiene hambre nosotros podríamos darle comida para satisfacer su necesidad y ya. Pero si nosotros gobernáramos desde una perspectiva de derecha pensaríamos que ese hombre es el único y pleno responsable de su problema y que su necesidad debe ser satisfecha por él mismo y sin que en ella medie intervención gubernamental de ninguna naturaleza. Ahora bien, si nosotros gobernáramos desde una perspectiva de izquierda, no sólo le proveeríamos alimento de manera inmediata para solventar su necesidad inmediata. La perspectiva de izquierda siempre va más allá, y debe establecerse de manera solventadora, en la profundidad de la causa, para ser entonces un proceso decisional sistemático, que permita resolver de manera perene o por lo menos en el mediano o largo plazos el requerimiento alimentario del necesitado; todo ello, debe implicar de modo indisoluble, la participación de aquel hombre de manera interactuante.

Louis Althuser en su libro “La Filosofía como Arma de la Revolución” nos explicó que para pervivir, un sistema debe reproducir las condiciones que permitan reproducir al sistema mismo como tal.

Ahora bien, debemos situarnos en el aquí y el ahora, es decir, reconociendo objetivamente las condiciones que prevalecen en nuestro tiempo-espacio, asumiendo por ejemplo a la televisión como “sujeto pedagógico” de la sociedad en general, hasta llegar al punto en el que Giovanni Sartori nos define, como la generación del “homo videns”; no es casual que las campañas político-electorales más exitosas, no tienen que ver tanto con las políticas públicas desarrolladas por los gobiernos, emanados de cualquier partido o personalizados en cualquier individuo, como con el desarrollo que estos agentes llevan a cabo por medio de la televisión; inclusive hemos llegado al punto de que algunos candidatos se ponen de moda (quizá nadie recuerda lo que hizo Vicente Fox como gobernante de Guanajuato, pero todos recordamos sus ocurrencias: “hoy, hoy, hoy; chiquillos y chiquillas; ya, ya ,ya;” o tal vez recordamos el gallito feliz de Andrés Manuel, su mote personal: “el peje”, o sus conferencias de las seis de la mañana; o sabemos que Peña Nieto se casó con la Gaviota y que Lucero le ayuda a promover su informe de gobierno.

Insisto, si la política pública por muy buena que sea, no nos ayuda a reproducir las condiciones para la reproducción del esquema de gobierno con el cual suponemos vivir y desarrollarnos de la manera más adecuada; entonces y mientras las condiciones objetivas no se instalen de manera adecuada, en el consciente-colectivo, entonces, lo harán de manera fatal e irremediable, las nocivas condiciones subjetivas que al sistema neoliberal le interesa hacer prevalecer.

Toda esta explicación me hace pensar, salvando las distancias históricas necesarias, que si Roma, romanizó a los pueblos a lo largo y ancho de su vasto imperio, nosotros debemos perredizar de manera benévola a los ciudadanos en los territorios en los que gobernamos, es decir, debemos llevar a cabo, políticas públicas desde una perspectiva ideológica de izquierda; pero debemos asumir de manera real e inmediata que no son estas políticas, las únicas valoraciones que contemplan los ciudadanos para definir sus preferencias políticas o electorales y más aún, su proceso interactuante en la sociedad a la que pertenecen.

Nosotros no nos hemos instalado de manera profunda, real y permanente, en las raíces de la conciencia social de nuestras comunidades y hemos dejado de lado, el proceso emocional que a pesar de nosotros ayuda a los ciudadanos en la hora de la toma de decisiones, es decir, debemos establecer nuestras políticas públicas como procesos plenamente incidenciales, es decir, que nuestras políticas públicas, deben llevarse a cabo y ser comunicadas como hechos que inciden positivamente en la comunidad de modo tal que la imagen pública del hecho o la cosa en sí misma, pueda instalarse, si se me permite decirlo de este modo, en la consciencia emocional de los individuos, que es el lugar de donde provienen también las decisiones que en términos tácitos, los ciudadanos consideran como malas o como buenas, aduciendo que la “venta y la compra emocional” de nuestras benévolas acciones, habrá de propulsar en el ciudadano los elementos de análisis necesarios que le definan a votar por nuestro partido, en el entendido implícito, de que: seremos los garantes institucionales de las políticas públicas en su beneficio inmediato y en su benévolo desarrollo integral en el mediano y largo plazos.

Barquito de papel

David Navarro


Barquito de papel,
sin nombre, sin patrón y sin bandera,
navegando sin timón
donde la corriente quiera.

Aventurero audaz,
jinete de papel cuadriculado,
que mi mano sin pasado
sentó a lomos de un canal.

Cuando el canal era un río,
cuando el estanque era el mar,
y navegar era jugar con el viento,
era una sonrisa a tiempo,
fugándose feliz de país en país,
entre la escuela y mi casa,
después el tiempo pasa
y te olvidas de aquel barquito de papel.

Barquito de papel,
en qué extraño arenal
han varado
tu sonrisa y mi pasado,
vestidos de colegial.

SERRAT







Estamos en un periodo de transición política y social, que puede quedarse en un periodo más de alternancia. La diferencia es cambiar para cambiar o transitar sin cambiar. Supongamos que todo, en el periodo que termina, se hizo mal; supongamos que todo se hizo bien; supongamos que puede mejorar o porque se hizo mal, o porque se hizo bien. Situémonos entonces, en esta última postura y planteémonos la perspectiva de que algo o todo puede estar mejor.

Coincidamos en el entendido de que en política todos los procesos inician, se desarrollan, maduran y terminan, PERO NO HAY VACIOS. Este pensamiento habrá de llevarnos a establecer entonces unas preguntas: ¿ya maduró nuestro proceso?, ¿ya va a terminar?, ¿hacia dónde queremos ir?, ¿con quién habremos de acompañarnos?, ¿cuál será la manera de navegar ese mar?, ¿cuándo habremos de detenernos un poco para saber si estamos en lo correcto o si debemos reformular, replantearnos la ruta y el modo de transitar por ella, cuándo?

Nuestro gobierno es y será, fruto de muchas luchas, de muchas historias; quizá de cada una de ellas y de todas juntas también. Es correcto gobernar por todos lados, pero es incorrecto gobernar para todos lados, es decir, sin rumbo político, sin destino social, sin concepción que nos oriente en cuanto a los principios que habrán de regular nuestro actuar.

Me parece que nuestro gobierno debe destacarse por ser el gobierno de los niños y de los jóvenes y de los adultos y de los hombres y mujeres responsables y de la educación y de los discapacitados y de la perspectiva de género y de la cultura y del esparcimiento y del respeto por los derechos de todos, es decir, debemos ser plenamente incluyentes en cuanto a las tareas y a los personajes que nutrirán la vida de nuestra administración.

El mejor barco será el que tiene los muchos marineros que antes y durante la travesía, aporten sus talentos. Aunque todos querrán timonearlo, no será posible, porque uno de todos habrá de ser el responsable, indisolublemente, indefectiblemente. Otros irán en medio, otros siempre irán atrás, en la popa, no podrán ir hasta adelante, no será su tarea. De estos últimos, de los que van atrás, su trabajo debe ser el de recordar al timonel por donde regresar en caso de que equivoque la ruta, sobre todo si hay huracanes o alguna otra calamidad en el trayecto; en este caso, todos los demás ayudarán a evitar los daños y a controlarlos en caso de que se presenten; ayudarán siendo solidarios con todo el proceso; en el mar y con estado de crisis, no hay tiempo para perder; la holganza y la paciencia de Job, así como la desatención, serán nocivas. Si es necesario regresar al origen, al principio, los últimos de la fila dirigirán el proceso, ya sé que casi nunca nadie les pone atención a los de abajo, a los de atrás, pero también tienen sus tareas en la historia; ellos pasarán un mensaje al capitán, utilizarán para ello, un método que se llama de voz en voz, pero si entre ellos y el capitán, todos están queriendo salvar su vida sin importar nada más, entonces no podrán pasar el mensaje, entonces, estos de atrás, habrán de alzar la voz, hasta que los escuche el capitán y le explicarán después de revisar los sextantes, como regresar al principio, le gritarán sin cansancio y sin empacho alguno al capitán, HASTA QUE LOS ESCUCHE; su objetivo es que ni el capitán, ni los de en medio se pierdan en el camino; repito, su tarea será orientar el retorno a los principios. En las crisis, como en las alegrías hay veces que el camino se ve diferente a lo que es en realidad. Cuando nos perdemos siempre es bueno recordar DE DÓNDE, POR DÓNDE Y CÓMO vinimos a parar hasta aquí, ¿no lo creen?

El mejor barco, es aquel en el que siempre se revisa el mapa y en el que se sabe pensar, por ejemplo: que partimos de algún sitio y nos dirigimos a un destino; es aquel que tiene un capitán, que se prepara para la travesía, que vive apasionado por el presente, sabiendo que en sus manos está el barco y el futuro de quienes van con él y de las personas que desde otros rumbos le apoyaron, el futuro de quienes los esperan a todos juntos con los buenos resultados que debe tener este viaje.

En este barco no todos mandan, hay un capitán y es el responsable, debe saberlo y asumirlo y desarrollar la tarea, dándole a su responsabilidad un valor ético que le permita definir por ejemplo que: al que no funcione en una tarea, le puede asignar otra; pero al que solo le interesa salvar su vida, al que traiciona la travesía, al que no entiende que todos juntos pueden más y valen más que cada uno y que todos son importantes, al que deliberadamente le interesa el naufragio, el capitán habrá de retirarlo del barco, porque este barco no es para naufragar. Este barco fue bautizado, un hermoso día en el que estuvieron todos o casi todos, en un evento público, y le pusieron por nombre: “Esperanza”. Este barco, no estará dispuesto a perderse ya que muchos esperan, que en sus diferentes escalas venga con lo mejor del mundo: el arte, la cultura, la honorabilidad y el deseo de trabajar y con ello, servir a los demás. Los marinos saben que los pueblos agradecerán sus esfuerzos y en ello, no hay dobleces.

De todos depende que las personas de cada lugar que visita el barquito, tengan, en todos los órdenes, buenas nuevas y enseñarles a aprovecharlas, de lo contrario, puede ser que el barquito nada más pase a despedirse, con la palma de la mano abierta, oscilando a la derecha e izquierda, sin rumbo, mientras lloramos un adiós que quizá sea para siempre.